BRUSELAS(SPS/APS)-. Nuevas investigaciones penales y financieras en Bélgica e Italia han revelado una peligrosa evolución en los métodos empleados por redes criminales vinculadas a Marruecos, que ya no se limitan al tráfico de hachís, sino que han desarrollado métodos para ocultarlo y transportar sus ganancias, al tiempo que han ampliado sus actividades al tráfico de cocaína, en un proceso que refleja la expansión de un sistema de drogas destinado a inundar los países europeos de estupefacientes.
Los últimos desarrollos de este proceso se remontan a la ciudad belga de Amberes, donde las autoridades precintaron judicialmente una tienda de muebles situada en el distrito de Borgerhout y detuvieron a su gerente, de 61 años, en un caso que combina tráfico de drogas e investigaciones financieras.
Según un comunicado de la Fiscalía de Amberes, las investigaciones se remontan a una pesquisa iniciada en 2025, después de que se descubriera que la tienda de muebles era utilizada para introducir hachís procedente de Marruecos en Bélgica. La droga era ocultada en el interior de los muebles y transportada bajo la apariencia de una actividad comercial, mientras que los beneficios de este tráfico eran enviados posteriormente al Reino para ser reinvertidos. El caso pone de manifiesto cómo el tráfico de hachís marroquí ha pasado de simples cargamentos de contrabando a un sistema integrado que combina ocultación, transporte y reinversión transfronteriza de los beneficios, convirtiendo el dinero procedente del hachís en una fuente de financiación de la economía paralela.
Estos datos no solo revelan los métodos empleados para introducir la droga, sino también la forma en que la red gestionaba los ingresos obtenidos. Según la Fiscalía, la investigación financiera mostró que el gerente de la tienda continuó con su actividad comercial pese a no haber presentado ninguna declaración fiscal desde 2019 y no disponer de un número vigente del impuesto sobre el valor añadido (IVA), mientras seguía recibiendo pagos y depositando cantidades de dinero en efectivo en sus cuentas.
A partir de esta investigación financiera, las pesquisas pasaron al ámbito operativo. El pasado 30 de junio, la unidad de policía judicial de la región de Amberes llevó a cabo registros por orden de un juez de instrucción, que culminaron con la detención del hombre. Al día siguiente, el juez ordenó su ingreso en prisión preventiva por cargos relacionados con el tráfico de drogas y sustancias psicotrópicas en el marco de una asociación criminal.
Mientras las investigaciones belgas continúan para determinar todas las ramificaciones de esta red, otro caso ocurrido en Italia ha puesto de manifiesto una nueva dimensión de la expansión de las actividades relacionadas con las drogas, esta vez a través de la cocaína y el dinero en efectivo. La policía detuvo en la ciudad de Viareggio a un joven marroquí de 22 años después de que este pasara a gran velocidad junto a una patrulla de seguridad en la calle Via Monte Matanna.
Según medios de comunicación italianos, la detención del joven permitió incautar una cantidad de cocaína, pero el registro reveló rápidamente una pista financiera de mayor importancia. La policía encontró en su poder dinero en efectivo, dos teléfonos móviles y 19 bolsas de cocaína, mientras que el registro de su domicilio permitió incautar otras cantidades de dinero.
El hachís marroquí ocupa un lugar central en este panorama, ya que Marruecos sigue siendo una de las principales fuentes de cannabis ilegal destinado a Europa, lo que explica su frecuente aparición en los casos de tráfico descubiertos por los organismos policiales y judiciales europeos. Sin embargo, los nuevos acontecimientos muestran que algunas redes vinculadas a este comercio han ampliado sus actividades a otras drogas y, al mismo tiempo, han desarrollado métodos para ocultar sus beneficios y reinvertirlos.
De este modo, el caso pasa del simple tráfico de drogas a la gestión de sus beneficios, revelando un sistema económico criminal integrado. Esto explica el creciente interés de las investigaciones europeas por el dinero, las empresas utilizadas como fachada y las comunicaciones, además de los cargamentos y las propias drogas, ya que desmantelar una red no se limita a detener a un transportista o distribuidor, sino que requiere llegar a las fuentes de financiación y a quienes están detrás de las operaciones.