La diplomacia del Reino de Marruecos ha vuelto a presentar como reconocimiento de soberanía lo que, en las declaraciones conocidas, es un mero respaldo político a un marco de negociación para una solución mutuamente aceptada.
Según el análisis publicado por No Te Olvides del Sáhara Occidental, en las últimas horas se ha extendido en determinados círculos políticos y medios de comunicación españoles —con La Vanguardia entre ellos— la idea de que Dinamarca habría reconocido la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Sin embargo, el examen de las palabras atribuidas al ministro danés de Asuntos Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, y de la posición oficial que Copenhague dejó registrada ante el Consejo de Seguridad muestra una realidad diferente.
El origen de esta controversia se encuentra en la reciente visita a Copenhague del ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, donde mantuvo reuniones bilaterales con Rasmussen en un momento de acercamiento político entre ambos países.
El comunicado difundido por el propio Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí señala que Rasmussen afirmó que Dinamarca acoge con satisfacción, en consonancia con la posición de la Unión Europea, la aprobación de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El ministro danés calificó además la llamada propuesta marroquí de autonomía de “creíble”, consideró que realiza una contribución significativa y esencial al proceso dirigido por Naciones Unidas y reiteró que puede constituir una “buena base para una solución consensuada entre todas las partes”.
Sin embargo, en las declaraciones difundidas y conocidas de Rasmussen no aparece ningún reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
Ese elemento aparece después, cuando ya no se reproducen palabras del ministro danés, sino la interpretación que realiza el propio Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos. El comunicado concluye que, con esa postura, Dinamarca se incorpora al impulso internacional promovido por Mohamed VI “en apoyo de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara” y del plan de autonomía marroquí.
La diferencia es esencial. Una cosa es que Dinamarca considere el plan de autonomía una base creíble para alcanzar una solución acordada y otra distinta que haya reconocido la soberanía de Marruecos sobre el territorio. La primera afirmación está atribuida directamente al ministro danés; la segunda constituye la interpretación política que Rabat realiza de aquellas palabras.
Incluso la cadena marroquí 2M, en su tratamiento audiovisual de la visita, presentó las declaraciones de Rasmussen como un respaldo al plan de autonomía “como base para una solución mutuamente acordada”, sin atribuirle un reconocimiento de soberanía. La propia formulación utilizada en ese vídeo confirma la distancia existente entre el apoyo a una propuesta negociadora y el reconocimiento jurídico de la pretensión territorial marroquí.
Para aclarar la cuestión tampoco es necesario recurrir a interpretaciones. Basta con acudir a la propia documentación oficial danesa presentada ante Naciones Unidas.
El 31 de octubre de 2025, al explicar su voto favorable a la Resolución 2797 ante el Consejo de Seguridad, Dinamarca empleó una formulación sustancialmente coincidente con la utilizada ahora. Copenhague consideró entonces la propuesta de autonomía marroquí una contribución “seria y creíble” y una buena base para alcanzar una solución acordada entre las partes. Pero inmediatamente añadió de manera explícita que su voto “no constituye un reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental”.
Dinamarca recordó además que cualquier solución debe ser acordada entre las partes y ajustarse a la Carta y los principios de Naciones Unidas, incluido el derecho de autodeterminación. Esa explicación de voto dejó claramente establecida la distinción entre apoyar políticamente el llamado plan de autonomía como posible base de negociación y reconocer jurídicamente la soberanía de Marruecos sobre el territorio.
Mientras el Gobierno de Copenhague no emita una declaración que modifique expresamente aquella posición, no resulta sostenible presentar una reiteración de fórmulas diplomáticas similares como un reconocimiento de soberanía que Dinamarca negó de forma expresa hace menos de un año.
El caso pone también de manifiesto un problema en la forma en que determinadas interpretaciones diplomáticas terminan convertidas en información. Algunos medios españoles han trasladado al lector la lectura formulada por Rabat como si describiera exactamente la posición oficial de Dinamarca. La Vanguardia, por ejemplo, ha presentado este movimiento como una asunción danesa de la solución marroquí para el Sáhara, una formulación que va más allá de las palabras conocidas de Rasmussen.
Como señala No Te Olvides del Sáhara Occidental, la diferencia no es una mera cuestión semántica. En el caso del Sáhara Occidental es jurídicamente esencial distinguir entre respaldar una propuesta política para negociar y reconocer la soberanía de una de las partes sobre un territorio que Naciones Unidas continúa considerando pendiente de descolonización.
La Resolución 2797 reforzó considerablemente la centralidad de la propuesta marroquí de autonomía dentro del proceso negociador, pero no reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental ni modificó por sí misma el estatuto jurídico internacional del territorio. El proceso continúa bajo los auspicios de Naciones Unidas y mantiene la libre determinación del pueblo saharaui dentro del marco de una solución final.
A la luz de los documentos disponibles, la conclusión es clara: Dinamarca ha reforzado su respaldo al plan marroquí de autonomía y mantiene una relación política cada vez más estrecha con Rabat, pero no ha reconocido la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
Lo que sí ha ocurrido es que Marruecos ha presentado ese respaldo como parte de una dinámica favorable a su pretensión soberanista y esa interpretación ha sido posteriormente reproducida en algunos medios como si procediera directamente de Copenhague.
Hasta que la diplomacia danesa declare expresamente lo contrario, sumar a Dinamarca al grupo de países que reconocen la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental no se corresponde con la posición oficial que el propio Estado danés dejó registrada ante Naciones Unidas. (SPS)