A 50 años de la República Saharaui: memoria, resistencia y una deuda pendiente

Jue, 26/02/2026 - 11:42

El próximo 27 de febrero se cumplen cinco décadas de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), declarada en 1976 en Bir Lehlu, en el territorio del Sáhara Occidental. El aniversario no es una fecha más: es el recordatorio de un conflicto inconcluso, de una descolonización fallida y de una responsabilidad histórica que sigue pesando sobre la comunidad internacional.

Por Mohammed Alí Alí Salem*. 

La proclamación de la RASD se produjo tras la retirada de España del territorio- el 26 de febrero de 1976-que había administrado como potencia colonial. Aquel repliegue, ejecutado en los estertores del franquismo, dejó un vacío jurídico y político que abrió paso a la ocupación marroquí y a una guerra que marcaría el destino de miles de saharauis. Desde entonces, el Frente Polisario —reconocido por Naciones Unidas como representante del pueblo saharaui— asumió la conducción política y militar de una causa que, medio siglo después, sigue reclamando un referéndum de autodeterminación prometido y postergado.

Cincuenta años después, la existencia de la RASD no puede analizarse únicamente desde la lógica bélica. También debe evaluarse desde la capacidad de organización y construcción institucional en condiciones extremas: campamentos de refugiados, escasez estructural y dependencia de la ayuda internacional. En ese contexto, el Estado saharaui ha levantado un sistema educativo bilingüe (árabe y español), una red sanitaria básica, estructuras administrativas locales y nacionales, e incluso un entramado productivo adaptado a las limitaciones del desierto.

No se trata solo de resistencia armada, sino también de un reclamo popular y  de una persistente voluntad de Estado. La presencia de la RASD como miembro fundador de la Unión Africana —heredera de la Organización para la Unidad Africana— es un hecho político consolidado en el continente. Asimismo, el Frente Polisario mantiene interlocución ante la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea, especialmente en el terreno jurídico, donde tribunales europeos han emitido fallos relevantes respecto a la explotación de recursos del Sáhara Occidental sin el consentimiento del pueblo saharaui.

El respaldo diplomático —con decenas de países que han reconocido a la RASD a lo largo de estos años— y la participación activa de la mujer saharaui en la organización social y política constituyen elementos que explican la perdurabilidad del proyecto. Sin embargo, los logros institucionales no pueden ocultar el costo humano: generaciones enteras han crecido en el exilio o bajo ocupación, en un conflicto que de cual se informa poco y se informa se le tilda de baja intensidad y  que rara vez ocupa titulares internacionales. La verdad su intensidad es muy grave y costosa para el ejército ocupante marroquí y por ende para el régimen feudal marroquí.

La pregunta que deja este aniversario es incómoda pero necesaria: ¿puede la comunidad internacional seguir administrando indefinidamente un conflicto cuya solución —el derecho a la autodeterminación— está reconocida en múltiples resoluciones? El Sáhara Occidental sigue siendo considerado por Naciones Unidas un territorio no autónomo pendiente de descolonización. Y mientras esa situación persista, la proclamación de 1976 no será solo un acto fundacional, sino un recordatorio de una promesa incumplida por parte de la Comunidad Internacional y el hecho irreversible de un estado saharaui independiente.

A 50 años, la causa saharaui no es únicamente una disputa territorial. Es también un test sobre la coherencia del derecho internacional, la vigencia del principio de autodeterminación y la capacidad del sistema multilateral para resolver conflictos prolongados.

La historia demuestra que los pueblos que perseveran en su identidad y en su reivindicación difícilmente desaparecen. 50 años,medio siglo de lucha, resistencia y desafío a la ocupación colonial marroquí es el mas clara y nítida expresión de la voluntad indudable de un pueblo, es el más palpable referéndum que por ende es la concreción genuina de la autodeterminación. Mientras tanto el desafío, medio siglo después, es que la política internacional esté a la altura de esa persistencia. Si no lo estuviera seguirá la crisis, el conflicto y seguirá Marruecos perdiendo oportunidades para la paz que a medida que pasa el tiempo se le irán acrecentando y agudizando los problemas que le acorralan obligandolo ineludiblemente a ceder y reconocer un estado saharaui independiente con sus fronteras de el 26 de febrero de 1976.

Embajador de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en Colombia.

Compartir