Claude Mangin saca los colores a Francia

Contramutis /

Cristina Martínez Benítez de Lugo.-

 

La ciudadana francesa Claude Mangin-Asfari está poniendo en evidencia con su huelga de hambre la connivencia de Francia con la ocupación marroquí del Sahara Occidental.

 

Activista por la liberación del Sahara Occidental, Claude lleva en huelga de hambre desde el 18 de abril en el ayuntamiento de Ivry-sur-Seine. Reclama poder visitar a su marido, Naama Asfari, preso político saharaui en cárceles marroquíes, condenado a 30 años en el juicio farsa de Gdeim Izik.  Se encuentra preso desde 2010 y fue torturado, como los demás del grupo y como los otros presos políticos saharauis.

 

El Comité contra la tortura de la ONU estableció que Marruecos había torturado a Naama y pedía expresamente que no hubiera represalias contra él o contra su familia. Marruecos se tuvo que reír mucho de esta resolución de un organismo de las NNUU porque ha hecho todo lo contrario. Ni siquiera consintió en el juicio de Gdeim Izik que sus abogados franceses terminaran las frases cuando empezaban a hablar de la resolución del Comité contra la Tortura.

 

Esta resolución es de diciembre de 2016. A Claude Mangin no se la dejó cruzar el aeropuerto de Rabat-Salé (Marruecos) en octubre de 2016 ni en los otros tres intentos que hizo Claude de visitar a su marido, el último el 16 de abril de este año. Claude vive en Ivry-sur-Seine, cerca de París. Su marido ha pasado por varias cárceles, todas en Marruecos, a capricho de la Administración Penitenciaria marroquí. El grupo de Gdeim Izik permaneció compacto hasta septiembre de 2017, después de la sentencia del juicio en apelación, el 19 de julio de 2017. Pero el desparpajo valiente de los activistas en el juicio fue duramente castigado. Les dispersaron por diferentes cárceles de Marruecos para quitarles la unidad y la fuerza que tenían como grupo. Les maltrataron, y lo que se encontraron los carceleros fue más rebeldía. Los presos políticos de Gdeim Izik hicieron huelgas de hambre muy duras. Estaban separados, incomunicados entre ellos, y aun así fueron unánimes a la hora de reaccionar. Ya no pedían sólo que les reagrupasen, pedían que se cumpliera lo que dicta el artículo 76 del IV Convenio de Ginebra: que “las personas protegidas (por el Convenio) inculpadas quedarán detenidas en el país ocupado y, si son condenadas, deberán cumplir allí su castigo”. Así que los presos pedían sólo que se cumpliera el derecho internacional, querían estar en el Sahara Occidental ocupado, cerca de sus familias. Ahora están a más de 1.000 y más de 1.200 km. Todo esto para decir que los presos están condenados, además, a seguir aislados, de sus familias del sur por la distancia y la imposibilidad de viajar de las familias (dinero, hijos pequeños); y de la familia del norte porque sí. Es una venganza. Ya no saben cómo castigar a estos presos irreductibles.

 

El activismo de Claude no viene de hoy. Ha dado un paso muy difícil. Es terrible que uno se tenga que perjudicar la salud para ser oído, pero es el tributo que se exige. Claude quiere que el Gobierno francés haga algo. El país pseudo-defensor de los derechos humanos apoya descaradamente a Marruecos en su ocupación del Sahara Occidental. Constituye el mayor escollo para que la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental) reciba la competencia para controlar el cumplimiento de los derechos humanos en los territorios ocupados, y de paso para que se ponga en marcha el referéndum, que para eso está esa Misión. Recientemente el presidente francés, Emmanuel  Macron, manifestó que apoyaría un ataque militar a los territorios liberados del Sahara Occidental por parte de Marruecos. Así es la política de Francia, que no ha considerado defender seriamente ante  Marruecos tanto a Claude Mangin-Asfari como a las dos abogadas francesas –Olfa Ouled e Ingrid Metton-a las que tampoco dejaron pasar para visitar a su cliente, Naama Asfari. Francia no defiende la legalidad internacional. Yo no sé qué les da Marruecos a los gobiernos, que les tiene hipnotizados.

 

La huelga de Claude Mangin-Asfari está defendiendo la causa saharaui. Está dando visibilidad a la situación de los presos políticos saharauis. Y está denunciando la postura de Francia, brazo derecho de Marruecos en la ocupación.

 

No es de recibo esta impunidad de Marruecos a la hora de violar sistemáticamente la legalidad internacional. Y Francia, tan amiga de Marruecos, debería disponer de argumentos para convencerla de respetar esa legalidad.

 

Hay que apoyar esta huelga. Hay que darle visibilidad porque supone mucho. Se trasladan a Europa los horribles métodos pacifistas empleados por los saharauis, en un mimetismo de su situación desesperada.

 

Nada más conocer la noticia, la familia de Mohamed Bani, preso político saharaui condenado a cadena perpetua, se puso en huelga de hambre de 24 horas, en El Aaiún. La madre de Bani, su hermana, su mujer, su hija y su hijo mayores y los tres pequeños manifestaron su solidaridad hablando ante la cámara de vídeo, con botellitas de agua en la mano y carteles del preso y de la huelguista.

 

Coincide la huelga con la reunión anual del Consejo de Seguridad, en la que se decide lo de siempre: no dar atribuciones a la MINURSO para la vigilancia de los derechos humanos en el Sahara Occidental ocupado.

 

Yo sugiero que se le envíen mensajes de cariño y de ánimo a esta luchadora. Esta es la dirección, que quiere decir apoyo a Claude: soutien.claude@gmail.com

 

Y el apoyo puede ir más allá. Podemos coger un avión y plantarnos en París, de la misma manera que lo hicimos nada más empezar Aminetu Haidar su huelga de hambre en Lanzarote. Allí estuvo Claude. Esta puede ser una buena ocasión para manifestar nuestra solidaridad por esta causa que no se acaba nunca y para airearla en un país donde tampoco -como aquí- se habla de ello.

 

No esperemos a que tenga que sufrir muchos días. El tiempo pasa rápido. Hay que ponerse en marcha ya. Y que el gobierno francés dé la cara.