Represión, acoso y censura: así es trabajar como periodista en la última colonia africana

En el Sáhara Occidental Ocupado la censura mediática es asfixiante. Hablamos con activistas y periodistas sobre el apagón informativo que rige en el territorio

Por: Silvia Laboreo , sábado 29 de julio de 2017

Uno de los ejemplos más claros de la ocupación del Sahara Occidental es el imponente muro de 2.720 kilómetros que separa la zona bajo control marroquí de los territorios liberados por el Frente Polisario. Es una barrera artificial de arena, piedras, alambradas, campos minados y destacamentos militares cada pocos kilómetros que vertebra en dos el territorio saharaui.

 

Pero el muro de la vergüenza marroquí, el tercero más grande del mundo, no es el único existente en este territorio. Hay otra barrera aún si cabe más peligrosa. Y casi más efectiva que un muro fronterizo de arena, piedras y cemento.

 

El apagón mediático, el otro muro del Sahara ocupado

 

 

“Es una evolución lenta, pero inexorable hacia una oscuridad informativa cada vez más densa y preocupante”, así define Rosa Meneses, secretaria general de Reporteros Sin Fronteras España, la situación de la libertad de prensa en el Sahara Occidental ocupado.

 

RSF es una de las organizaciones humanitarias y de Derechos Humanos que lleva años denunciando la barrera informativa que rige en este territorio.

 

Allí, en el 80% de la zona controlada desde hace 42 años por el Reino de Marruecos, las violaciones de los derechos humanos, la represión, el acoso y los abusos a la población saharaui son constantes. Y la censura mediática asfixiante que mantiene el Gobierno marroquí hace muy difícil conocer qué pasa exactamente sobre el terreno.

 

 

 

 

“A los periodistas y medios se les hace la vida imposible para que no informen sobre el Sahara Occidental: se prohíbe la cobertura de las protestas, se persigue y detiene a los periodistas ciudadanos y se dificulta el acceso o bien se expulsa a los periodistas extranjeros. Se trata de toda una batería de mecanismos represivos que han convertido al Sahara Occidental en una zona de exclusión para la cobertura independiente de noticias”, denuncia Meneses.

 

Además, pese a que la ONU tiene desde 1991 una misión en el territorio, la MINURSO (Misión Internacional de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental), encargada de preparar un referéndum que decida entre  independencia o integración en Marruecos, sigue sin estar habilitada para documentar las violaciones de derechos humanos que se cometen en el Sahara Occidental. “Es la única misión de la ONU que no tiene esa competencia”, apuntan desde Reporteros sin Fronteras.

 

Sin embargo, allá donde hay censura y falta de libertad de prensa también hay resistencia. Armados con cámaras y con un ordenador encriptado, decenas de activistas ponen en juego su libertad para intentar abrir una pequeña ventana informativa en este territorio silenciado.

 

Equipe Media, 8 años informando sobre aquello que no debe contarse

 

Conocidos como el brazo mediático de la resistencia, este grupo de periodistas activistas está de enhorabuena. Hace poco más de un mes que han estrenado 3 stolen cameras, una película documental que narra la historia del colectivo Equipe Media. Para ello, hay que remontarse a 2009, cuando un grupo de jóvenes activistas y ex presos políticos decidió unir fuerzas para dar a conocer lo que pasaba en el Sahara.

 

“Empezamos en círculos pequeños y de forma amateur, movidos por la necesidad. No sabíamos nada de periodismo ni coger una cámara, pero aprendimos en la calle y a través de Youtube y hoy en día somos profesionales de vídeo, redacción o fotografía”, cuenta Ahmed Ettanji, presidente de Equipe Media y uno de sus fundadores.

 

A lo largo de estos años se han convertido en “ la ventana pequeña pero necesaria para que el mundo vea lo que está pasando, o al menos una parte”, explica Ahmed.

 

Aunque, para ello, tienen que jugarse el tipo. “Trabajamos de forma clandestina, no tenemos sede porque somos una organización ilegal para Marruecos. Nos reunimos cada vez en un sitio, repartimos las tareas y nos movemos a través de Internet, con servidores seguros, encriptados”, relata el activista.

 

Los fotógrafos y realizadores graban las manifestaciones apostados como francotiradores, aprovechando cualquier azotea, agujero o ventana para dejar constancia de la intervención policial de Marruecos.

 

“Hablamos de la importancia de la resistencia pacífica, de la lucha no violenta. Desmentimos la propaganda marroquí que dice que los saharauis tenemos garantizados los derechos fundamentales y ofrecemos nuestro trabajo a los medios de comunicación y ONGs”, cuenta Ahmed.

 

Empezamos en círculos pequeños y de forma amateur, movidos por la necesidad. No sabíamos nada de periodismo ni coger una cámara, pero aprendimos en la calle y a través de Youtube y hoy en día somos profesionales de vídeo, redacción o fotografía”

 

Eso ha provocado que los miembros de Equipe Media se conviertan en objetivo de la policía. “Los periodistas sufren detenciones, torturas, malos tratos, vigilancia, intimidaciones y despidos de trabajo. También amenazas a las familias. Más de 20 compañeros han sido detenidos en algún momento”, enumera Ahmed.

 

Él mismo ha sufrido esta represión: “Me han pegado varias veces, he tenido vigilancia en mi casa, he sufrido maltrato y detenciones”.

 

La situación es parecida a la que vivió la videoactivista saharaui Nazha El Khalidi. Esta reportera de RASD TV fue arrestada por las autoridades marroquíes en agosto del año pasado durante una manifestación de mujeres. Estuvo una noche en comisaría, donde fue interrogada, sufrió malos tratos y le confiscaron su equipo. No era la primera vez. A los 13 años, Nazha pasó una noche en la prisión de seguridad de Laayoune PCCM donde la torturaron. “La experiencia de la detención no es algo que una persona desearía probar nunca y más si esta persona sufre ya la opresión e injusticia en su patria”, explica Nazha.

 

Nazha, al igual que otras muchas mujeres saharauis, no se ha quedado en su casa esperando a que se resuelva la situación, sino que ha tomado las calles para que se escuche su voz. El trabajo comenzó en 2010 justo después de las protestas de Gdeim Izik. “Con mi hermana Hayat Khatari trataba de recoger vídeos y testimonios de las víctimas y los mandábamos al director de RASD TV. Aprendimos montaje y empezamos a juntar vídeos para hacer noticias”, recuerda Khatari.

 

 

 

A Mohamed Mayara, por el contrario, le echaron de dos trabajos. Este hombre, que no llegó a conocer a su padre, preso político enlos comienzos de la represión, es el coordinador general de Equipe Media. Y también era profesor de instituto. “Debido a mis actividades como periodista y activista me despidieron. No solo a mí, sino a mi mujer también”, cuenta por teléfono Mohamed.

 

“Pese a ello, seguimos trabajando. Mi esposa, mi hija y yo. No tenemos medios, recursos ni ingresos pero seguimos luchando. Ponemos nuestra vida en peligro para grabar vídeos, hacer fotos, nos arriesgamos a detenciones, a sentencias a cadena perpetua o a perder nuestro trabajo”, cuenta el activista.

 

“Nos ponemos delante del peligro, nos protegemos, seguimos luchando. Hablo contigo sabiendo que en algún momento me van a arrestar, me van a sentenciar y me van a meter en prisión pero continúo con este sacrificio por la libertad, los derechos y la independencia del Sahara ocupado”, mantiene el activista.

 

Y sin embargo, no están solos

 

Mohamed, Nazha o Ahmed son tan solo 3 ejemplos de la red de periodistas ciudadanos que trabajan en el Sahara Occidental. Pero no están solos. Cuentan con el apoyo de organizaciones como Watching Western Sahara.

 

“Watching Western Sahara nace como un proyecto asociado entre la organización neoyorkina Witness Media Lab y el festival internacional de cine del Sahara (FiSahara). Se dedica a analizar, verificar y contextualizar los vídeos grabados por testigos y ciudadanos periodistas en el Sahara Occidental”, cuenta María Carrión, Directora ejecutiva de FiSahara.

 

“Nos dimos cuenta de que faltaba una metodología para que fuera posible verificar la autenticidad de los vídeos y también para entender lo que está pasando allí”, explica Carrión. “Tienes que ver algo para creerlo, pero luego lo tienes que entender para actuar”, cuenta Carrión. “Sobre todo, en un lugar como el Sahara Occidental, tan cerrado al mundo y tan censurado”, continúa.

 

 

 

La plataforma lleva activa más de un año, tiempo en el que han subido 100 vídeos y publicado un informe en el que resumen su actividad.

 

La idea de la plataforma es desmontar la creencia de que la mayoría de saharauis están contentos con el status quo y que son solo unos pocos los independentistas que salen a las calles. “Esa narrativa la desmonta un proceso de verificación de vídeos riguroso y a largo plazo”, cuenta la activista. Hay manifestaciones constantes, pero al ser un estado policial la intervención es muy rápida.

 

“Es David contra Goliat”, resumen desde Watching Western Sahara. “Hablamos de uno de los Estados que más vigila electrónicamente enfrentándose a una población que todavía no tiene herramientas para asegurar sus comunicaciones".

 

Los periodistas extranjeros, vetados del  Sahara Occidental Ocupado

 

Camille Lavoix, una periodista francesa freelance, viajó el año pasado al Sahara para escribir un reportaje sobre cómo la industria del kitesurf servía como cortina de humo en el conflicto saharaui. Quería retratar cómo, a pocos kilómetros de las playas idílicas donde miembros de la jet-set marroquí disfrutaban de sus vacaciones, había 12.000 militares, un muro vergonzoso, minas antipersona y represión.

 

A Camille le habían contado historias sobre la censura informativa en el Sahara Occidental ocupado, anécdotas que sonaban a una película de James Bond. “Cambié de móvil, fui con un ordenador en blanco y me puse otra tarjeta. Me preparé mucho pero me lo tomaba a chiste”, cuenta Camille.

 

 

 

“Cuando cubrí el narcotráfico en México no me preparé ni la mitad”, recuerda la periodista. “Y fue exactamente lo que me habían dicho y aún peor”. “Cuando llevaba unos pocos días en el Sahara entró un comando armado en mi habitación por la noche, a las 3 de la mañana,  me detuvieron y me deportaron sin decirme ni una palabra”, recuerda Lavoix.

 

“Retrasaron el avión de Casablanca para que yo entrara. Incluso el piloto llamó a la azafata para preguntarme quién era yo para que hubiera tantos militares y retrasaran un avión”.

 

El mal trago no acabó allí. Le hackearon el teléfono y Camille sospecha que incluso llegaron a seguirla por la calle, ya de vuelta en Francia. Tras meses intentando averiguar por qué fue deportada, Camille dejó el tema. “Creo que las deportaciones de periodistas son una señal de lo que ocurre allí. Debemos darnos cuenta que cuando le hacen eso a un periodista extranjero, es tan solo la punta del iceberg de lo que le hacen a la gente local”.

 

 

 

El Sahara Occidental Ocupado cada vez más aislado

 

 

“Todo ha ido a peor desde que empezamos con Equipe Media y la represión ha aumentado. Nos encontramos en una media de 15-20 casos de detenciones de periodistas al año”, denuncia Ahmed Ettanji.

 

Precisamente, hace tan solo una semana el activismo saharaui recibió un duro golpe . Se publicaron las sentencias del proceso irregular contra 23 activistas de Gdeim Izik, el campamento de protesta levantado en 2010 a las afueras de El Aaiún para reivindicar derechos sociales y económicos. Entre los 23 condenados a penas que van de cadena perpetua a varios años de prisión, hay 3 periodistas de Equipe Media.

 

Desde el colectivo mediático han puesto en marcha la campaña Su Libertad es Nuestra Lucha con la que pretenden reivindicar la libertad de los presos de Gdeim Izik. Para ello, piden a la gente que comparta las historias de los presos saharauis en las redes sociales utilizando diversos hashtags.

 

Los activistas saben que la situación es muy complicada y que están luchando contra un monstruo, pero están tranquilos.

 

Como resume Hamed: "Hay una conciencia de la importancia del periodismo en el Sahara como uno de los factores más importantes de la resistencia pacífica". Porque estos periodistas son conscientes de que, si no lo cuentan ellos, nadie más va a hacerlo.